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martes, 11 de mayo de 2010

Index Librorum Prohibitorum. "Índice de libros prohibidos"


El Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum, en español "Índice de libros prohibidos", también llamado Index Expurgatorius, es una lista de aquellas publicaciones que la Iglesia Católica catalogó como libros perniciosos para la fe; además establecía, en su primera parte, las normas de la iglesia con respecto a la censura de los libros. El propósito de esta lista era prevenir la lectura de libros o trabajos inmorales que contuvieran errores teológicos o morales, y prevenir la corrupción de los fieles. La última edición data de 1948 y, aunque se siguieron incorporando títulos hasta 1961, una provisión de 1966 decretó que no se siguiera renovando.

Historia


Fue creado en el año 1559 por la Sagrada Congregación de la Inquisición[cita requerida] de la Iglesia Católica Romana (posteriormente llamada la Congregación para la Doctrina de la Fe). El Index contenía nombres de autores cuyas obras estaban prohibidas en su totalidad, obras aisladas de otros autores o anónimas y también un detallado repertorio de los capítulos, páginas o líneas que debían ser cortados o tachados. Esta labor correspondía a los bibliotecarios, que debían ocuparse de ellas antes de dejar los libros en manos de los lectores. Por ejemplo, en la edición de 1632 (página 63) se indica que en el Dioscórides de Andrés Laguna, un libro de Materia Medica, debe tacharse la frase «siémbranse con maldiciones las Albahacas y, según Plinio, crecen muy viciosas con ellas» («viciosas» alude aquí a vigorosas). En la misma página se explica que frases como la anterior deben borrarse por encontrarse en lengua vulgar, accesible pues al vulgo, pero que no lo necesitarían si estuvieran en latín o griego. Los autores contemporáneos a la decisión censora podían elegir omitir ellos mismos en sucesivas ediciones los párrafos censurados. Así Cervantes tuvo que suprimir del Quijote, entre otras la frase «…las obras de caridad que se hacen tibia y flojamente no tienen mérito ni valen nada» (2.ª parte, capítulo 36). El Index fomentaba así la autocensura por los propios autores.

Para el mantenimiento del Index después de la primera edición, de Pío V, se instituyó en 1571 la Sagrada Congregación del Índice. El Índice fue actualizado regularmente hasta su suspensión, en 1966, con materiales que se fueron agregando tanto por la Congregación como por el Papa. Otras congregaciones, como el Santo Oficio, pasaban a la anterior sus propias correcciones, para que las incorporara. Al final la lista debía ser aprobada por el Papa, que podía indultar a algún autor o añadir otro, como ocurrió en el caso de Lamennais.

La lista incluyó a autores literarios como Rabelais (obra completa) o La Fontaine (Contes et nouvelles), pensadores como Descartes o Montesquieu y científicos o protocientíficos como Conrad Gessner o Copérnico. Este último entró en la lista como consecuencia del proceso de la Inquisición contra Galileo, por un decreto de la Congregación General del Índice de 5 de marzo de 1616, que obligaba expurgar ciertos pasajes, incompatibles con la fe, que mostraban como seguro que la Tierra se mueve en torno a un Sol inmóvil (teoría heliocéntrica).[1] Las enmiendas fueron publicadas en 1620, pero la obra de Copérnico (De revolutionibus orbis coelestium) no salió del Index hasta 1758. Johannes Kepler, que defendió en 1618 el heliocentrismo de Copérnico, fue a su vez incluido en el Índice.

La trigésima segunda edición, de 1948, última publicada, contenía aproximadamente 4 000 títulos censurados por varias razones: herejía, deficiencia moral, sexo explícito, inexactitudes políticas, entre otras. La lista incluía junto a una parte de la lista histórica, buena parte de los novelistas del siglo XIX, como Zola o Balzac, cuyas obras estaban prohibidas completas, o Victor Hugo, del que Los miserables no fueron retirados hasta 1959. Entre los pensadores se encuentran Michel de Montaigne (los Ensayos), Descartes (varias obras, incluidas las Meditaciones metafísicas), Pascal (Pensées), Montesquieu (Lettres persannes), SpinozaDavid Hume, Kant (Crítica de la razón pura), Beccaria (De los delitos y las penas), Berkeley, Condorcet (Esquisse d'un tableau historique des progrès de l'esprit humain), o Bentham. Algunos autores modernos llegaron a tiempo de ser incluidos en la lista antes de su abolición, por ejemplo, Maurice Maeterlinck, cuyas obras fueron prohibidas íntegras, lo mismo que las de los autores siguientes: Anatole France (incluido en 1922),[2] André Gide (1952)[2] o Jean Paul Sartre (1959).[2] Otra inclusión significativa es la del sexólogo holandés Theodoor Hendrik van de Velde, autor del manual de sexo El matrimonio perfecto, en el que se animaba a los matrimonios a disfrutar del sexo. (Tratado teológico-político),

Los autores notables por su ateísmo, como Schopenhauer, Marx o Nietzsche, o por su hostilidad a la Iglesia Católica, no suelen figurar en el Índice, puesto que tales lecturas están prohibidas ipso facto. Se incluye, más bien, a aquellos autores y obras de los que los fieles pueden no ser inmediatamente conscientes de que sus posiciones son gravemente contrarias a la doctrina de la Iglesia, como Erasmo de Rotterdam, Michel de Montaigne, La evolución creadora, de Henri Bergson o, por ejemplo, las actas del Congrès d'histoire du christianisme (Congreso de historia del cristianismo) de 1933.

Algunos de los títulos integraron este índice por tener un contenido político definido: en 1926, la revista "Acción francesa", que defendía causas de extrema derecha, fue puesta en la lista.

Los efectos de este índice se sintieron por todos lados, más allá del mundo católico. Durante muchos años, en lugares como Quebec, España, Italia y Polonia (países católicos), fue muy difícil encontrar copias de estos libros, especialmente fuera de las grandes ciudades.

Final del Index


Como lista oficial y la excomunión que implicaba su lectura, fue abandonada en el 14 de junio de 1966, bajo el papado de Pablo VI, seguidamente del final del Concilio Vaticano II y en gran parte debido a consideraciones prácticas. No obstante puede ser considerado un pecado venial para los católicos el hecho de leer libros que eran injuriosos contra la fe o la moral[cita requerida] (y evidentemente puede ser mortal cuando se lean por el propio fin de negar el Espiritu Santo de manera consciente o con fines de atacar/blasfemar/deshonrar la iglesia católica romana como iglesia de Dios), el individuo deberá autoanalizar su conciencia con la debida oración y petición a la gracia de Dios para distinguir si lo hubo o no.

El Vaticano, sin embargo, hizo públicas nuevas regulaciones acerca de libros, escritura y medios de difusión, que incluyó en dos artículos del actual Código de Derecho Canónico:

831
1-Sin causa justa y razonable, no escriban nada los fieles en periódicos, folletos o revistas que de modo manifiesto suelen atacar a la religión católica o las buenas costumbres; los clérigos y los miembros de institutos religiosos sólo pueden hacerlo con licencia del Ordinario del lugar
2-Compete a la Conferencia Episcopal dar normas acerca de los requisitos necesarios para que clérigos o miembros de institutos religiosos puedan tomar parte en emisiones de radio o de televisión en las que se trate de cuestiones referentes a la doctrina católica o a las costumbres.
832
Los miembros de institutos religiosos necesitan también licencia de su Superior mayor, conforme a la norma de las constituciones, para publicar escritos que se refieran a cuestiones de religión o de costumbres.

En la primera edición (1559) aparecían tres listas que agrupaban:

  • Todas las obras y escritos de un autor prohibido.
  • Libros específicos de un autor prohibido.
  • Escritos específicos de un autor incierto.

Autores u obras prohibidas

Algunos autores notables cuya obra completa integraba la lista son:

  1. Erasmo de Rotterdam (1500)
  2. François Rabelais
  3. Giordano Bruno
  4. René Descartes (1633)
  5. Thomas Hobbes (1649-1703)
  6. David Hume (1761-1872)
  7. Denis Diderot
  8. Andrea Solanum
  9. Honoré de Balzac
  10. Émile Zola (1894-1898)
  11. Anatole France (1922)
  12. Henri Bergson (en 1914)
  13. Maurice Maeterlinck
  14. André Gide (1952)
  15. Jean-Paul Sartre (1959)


Entre los libros específicos se encontraban:

  1. Amar y sufrir o su vida, de Santa Teresa de Jesús
  2. Ensayos de Michel de Montaigne (1676)
  3. The arrangment de Francis Bacon (1668)
  4. Los libros filosóficos de René Descartes (en 1663)
  5. Pensées, avec les notes de Voltaire de Blaise Pascal (1789)
  6. Pamela o la virtud recompensada de Samuel Richardson (1740)
  7. El contrato social y Emilio, o De la educación de Jean-Jacques Rousseau
  8. Kritik der reinen Vernunft de Immanuel Kant (1827)
  9. Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Romano de Edward Gibbon (1873)
  10. Justine y Juliete del Marqués de Sade
  11. Science de l'homme de Claude Henri Saint-Simon
  12. De l'Allemagne de Heine (1836)
  13. Los Papas romanos, su Iglesia y su Estado en los siglos XVI y XVII de Leopold von Ranke (1837)
  14. Le rouge et le noir de Stendhal (1848)
  15. Cours de philosophie positive de Auguste Comte (1864)
  16. Los miserables y Nuestra Señora de París de Victor Hugo (1834-1869)
  17. Algunas obras de Alexandre Dumas (padre) (1863)
  18. Las novelas de George Sand (1840)
  19. Principios de economía política de John Stuart Mill (1856)
  20. Gran Diccionario Universal de Pierre Athanase Larousse
  21. Madame Bovary de Gustave Flaubert (1864)
  22. Varias obras de Alexandre Dumas (hijo) (en 1963)
  23. Prólogo de Emilio Castelar a la Historia general de la masonería de G. Danton
  24. Las novelas de Gabriele D'Annunzio (en 1911)
  25. Lazarillo de Tormes, [[Diego Hurtado de Mendoza]].


Notas



Fuente.


La censura y sus miserias.

Censura

Nos ofrece elpais.com un interesante reportaje sobre la censura en nuestro país durante la época del franquismo, cuando lectores adoctrinados eran los privilegiados en leer las últimas obras escritas en España y podían decidir, bolígrafo rojo en mano, si esta era publicada o no. Ocultos tras el anonimato que les otorgaba ser un número en una lista se permitían el considerar que Gil de Biedma era un poeta cursi y snob; aunque de poco le servía que otro número censor le considerara un buen poeta, en ambos casos el bolígrafo rojo marcaba el destino del libro.

El Archivo General de la Administración custodia los expedientes sobre la censura literaria y en ellos podemos encontrar los casos concretos de la tijera censora que, aunque puedan llevar a la anécdota y al chiste, como ocurre tantas veces cuando se habla de la censura en el cine, no hemos de perder de vista de lo que se trataba: intentar controlar el pensamiento y el que algunas medidas fueran ridículas o ridiculizables no minimiza ni la intención ni los hechos ni la culpabilidad de los que las pusieron en marcha.

Dicho esto, vamos a reírnos un poco.

Tal y como nos cuenta elpais, no sólo Gil de Biedma era un poeta cursi y snob o un buen poeta “cuya poesía es francamente buena” según el censor con el que se topara sino que Marsépseudointelectuales que cuando salen al extranjero leen y ven marranadas y puerquean con mujeres fáciles“. Aunque, sin duda, el premio a la clarividencia y al conocimiento literario deberían dárselo al número censor que no entendía como los hermanosGoytisolo pueden gozar de tanto reconocimiento en el extranjero y considera que en este caso no debería censurarse la obra ya que así los desenmascararían: parecía ser una de esos “

No hacerles el juego. No darles pies a heroísmos y martirios. Olvidarlos, que se pudrirán solos. No tiene consistencia literaria. Condenémosles a la libertad, libertad vigilada

El censor debía ver si la obra atacaba de alguna forma al dogma, la moral, la Iglesia o sus ministros, al Régimen y sus instituciones, a las personas que colaboraban con el Régimen,… porque ese es uno de los peores rasgos de todos los totalitarismos: considerar que la cultura, la libertad de expresión y pensamiento son un peligro.


Fuente.

Informe sobre el libro electrónico: Análisis (II)

Informe ereader

El informe del Grupo de trabajo sobre el libro electrónico, que empezamos a analizar ayer, tras hablar del marco legal, se centra en la “cadena del libro”: autores, traductores, editoriales, libreros y distribuidores. A los autores (Lorenzo Silva, Care Santos, Clara Janés y Andrés Ehrenhaus, estos dos últimos como autores y traductores)les ha pasado una encuesta (estaría bien saber las preguntas, por cierto) indicando algunas de las conclusiones. En general, que las nuevas tecnologías permiten aumentar la interactuación con los lectores y abrir nuevos mercados pero que la indefinición del negocio provoca desde la piratería, siendo necesario que exista una oferta legal, atractiva y asequible, que ofrezca calidad y valor añadido, a la incertidumbre sobre porcentajes o ingresos.

Hay otras opiniones más controvertidas, la tendencia a publicarlo todo que indica Ehrenhaus, pero el principal problema lo veo en lo siguiente: ¿qué representatividad tiene este apartado? ¿Por qué estos cuatro autores y no otros? ¿Sólo cuatro? En cambio para hablar de la traducción sí se habla con una asociación, ACE Traductores, que además ha realizado diferentes reuniones dentro del sector del libro para aportar claridad y transparencia al modelo de negocio.

Cuando pasamos a hablar de los editores tenemos primero un publirreportaje de Badenes, directivo de Planeta, que sin duda sabe mucho y hace aportaciones interesantes, como los dos modelos europeos de control de la piratería, el inglés/francés basado en la persecución legal del pirata y el irlandés, basado en la compensación entre industrias; aunque en estos momentos en Irlanda se ha aprobado un sistema que sigue la estela de Francia o Inglaterra, así que nos quedamos con la duda de si es una errata (¿islandés?) o una información desfasada.

Acto seguido tenemos el informe sobre el sector editorial ante el libro del que ya os hablamos hace unas semanas y de las perspectivas de las editoriales dedicadas a los libros y material de enseñanza, ofreciendo este último una visión clarificadora y, probablemente, la más documentada de esta parte del informe. Pero, para mí, lo más interesante es la opinión de libreros y distribuidores que, a priori, parecen los “prescindibles” dentro del mercado de libro electrónico.

Los libreros destacan su función como seleccionadores, consejeros y recomendadores de libros y consideran que esta función va a seguir siendo necesaria en el nuevo mercado, al tiempo que se muestran dispuestos a desarrollar líneas de negocio entorno al libro electrónico, tanto vendiendo soportes, como los propios libros electrónico o a través de la Impresión bajo demanda. De todas formas tienen claro que su papel dependerá en buena parte del modelo de negocio que sigan las editoriales, aunque apuestan por plataformas de distribución abiertas que respeten los canales tradicionales de venta. Algunas de sus reivindicaciones concretas: ayudas para implantar la Impresión bajo demanda o poner Wi-Fi en las librerías.

Los distribuidores coinciden con los libreros en que es necesario clarificar el mercado desde los márgenes de comercialización hasta los roles, indicando que si no se hace pronto otros agentes substituirán a los tradicionales, señalando como ejemplo a las empresas de telecomunicaciones cada vez más cerca de dedicarse a la distribución de contenidos. Ven la digitalización de contenidos como un sistema para fomentar la venta en papel, ya que ambos sistemas van a convivir durante mucho tiempo. Y se reinventan como repositorios de libros digitales, promulgando la creación de Distribuidores de Activos Digitales, siguiendo la estela de experiencias similares en otros países, que servirían tanto para la descarga online como para el Print on Demand.

En el informe también encontramos acercamientos a la lectura digital, la producción de textos científicos, las bibliotecas digitales o las iniciativas públicas (a la espera de las privadas) para el desarrollo del mercado. Pero todo viene marcado por la misma sensación de suma (que no agregación) de opiniones, sensación que ni siquiera te abandona en las conclusiones. ¿Las nuestras? Sobre el informe, lo dicho, bastante decepcionante en su formulación. ¿Del sector del libro según las aportaciones? Pues las que venimos destacando cada vez que sale el tema: la falta de definición del mercado y la falta de un marco legal adecuado no está permitiendo que se desarrolle con normalidad.


Fuente.

Informe sobre el Libro Electrónico: Análisis (I)

Informe

La semana pasada el Observatorio de la Lectura y el Libro, concretamente, el Grupo de trabajo sobre el libro electrónico, presentó un informe analizando la situación del libro electrónico en España en el que, desde diferentes ámbitos, se intenta ofrecer una visión amplia de la realidad del ebook y hacia donde puede ir. Así, encontramos referencias a la encuesta sobre editoriales y libro electrónico realizada por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez que analizamos hace unas semanas.

Esta aportación de diferentes sectores si bien es necesaria creo que es uno de los principales problemas del informe por la manera como se ha articulado: cada sector ha dicho la suya barriendo claramente para casa (están en su derecho) pero no hay una visión propia del Grupo de trabajo, dando por buenas las aportaciones de cada colaborador. Puestos a pensar mal, se diría que han intentado curarse en salud, tal y como están los ánimos desde la “ley Sinde“, y así siempre pueden decir que ellos no son responsables de lo que se dice.

Vamos a dar un pequeño repaso al informe aunque primero que nada me temo que hay que señalar un par de inexactitudes, más que errores, que hemos encontrado antes casi de empezar. En primer lugar, se menciona la reducción del IVA para el libro electrónico sin indicar que, finalmente, esta reducción solo va afectar a los libros electrónicos en soporte físico ya que, tal y como aclaró hace unos días Hacienda, la normativa europea lo impide. La segunda incorrección la encontramos cuando hablan del caso Amazon-Apple del que también hemos hablado aquí: sostiene que Amazon obligaba a los editores a vender los libros electrónicos a 9.99 dólares cuando lo que realmente hacía era pagar al editor según el precio de la edición en tapa dura y poner el precio que consideraba adecuado al mercado (ese 9.99).

Uno de los aspectos más interesantes del informe, y también el que ha generado polémica, como no, es el marco jurídico, firmado por Marta García León y que creo que debería de ser de lectura obligada, en un entorno en el que, de repente, todos nos hemos vueltos expertos en propiedad intelectual.

La conclusión que extraigo es que el marco jurídico es inadecuado ya que no está adaptado a la nueva situación, al tiempo que se ve superado por la tecnología.

Así, el contrato de edición literaria, regulado por la Ley de Propiedad Intelectual, es insuficiente cuando hablamos de libros electrónicos (atención autores: el contrato solo afecta a aquellos formatos explícitamente citados en el mismo). El concepto de integridad de la obra, uno de los derechos del autor, queda diluido frente a las posibilidades que ofrece la digitalización.

El DRM, por ejemplo, protege al autor frente a la puesta en disposición sin su autorización pero vulnera los derechos de los consumidores respecto a la copia privada y, en algunos casos, a la protección de datos personales. O la aplicación del DRM en bibliotecas virtuales chocaría directamente con la misma existencia de estas.

Eso sí, queda claro que la puesta a disposición sin ánimo de lucro comercial no viene regulada por el Código Penal mal que les pese a algunos, sino por la Ley de Propiedad Intelectual ya que sería un ilícito civil.

Pero el punto que más me ha llamado la atención ha sido respecto a las licencias Creative Commons, ya que es aquí donde la falta de legislación concreta puede llevar a situaciones kafkianas, como que las entidades gestoras de derechos estén en la obligación legal de exigir compensaciones por mucho que el autor no quiera. Ahora la explicación:

En primer lugar, parece que es más que discutible que se puedan considerar contratos (la ley es terca para estas cosas) ya que quien otorga la licencia no conoce a quien la disfruta ni siquiera si alguien lo hace. Unido a esto la Ley de Propiedad Intelectual señala los derechos irrenunciables por parte de autor entre ellos el de remuneración por copia privada que son recaudados por las entidades de gestión. Así que, ley en mano, CEDRO podría comenzar a pedir su trozo de pastel Copyleft. Este atentado contra el sentido común solo puede ser solucionado con una adaptación legislativa y el reconocimiento de las licencias Copyleft en todos los ámbitos.


Fuente.

Quemar libros y bibliotecas, una afición atemporal.

Quema Libros

Sí, la bibliocastia (quema de libros) y la destrucción de bibliotecas (muy habitualmente mediante incendios provocados) ha existido desde prácticamente la invención de la escritura. Existen diferentes razones para querer borrar de la faz de la tierra documentos o los edificios que los contienen, siendo las más importantes las ideológicas, ya sean de índole política o religiosa. También, en ocasiones, se han destruido bibliotecas durante motines sociales, no del todo por error pero sí sin intencionalidad específica en el acto en sí.

Los egipcios fueron de los primeros en practicar con suma perfección el arte de la “destrucción de pruebas”. Salvando las distancias, fueron unos expertos en reescribir la historia: era tan sencillo como coger un punzón y borrar todas las referencias a tal o cual rey en muros de templos y palacios. Así, de algunos faraones no quedó, para la posteridad, ni el nombre (afortunadamente gracias a la arqueología hemos podido recrear reinados enteros, salvando del olvido a tantos y tantos desafortunados monarcas). Un ejemplo claro fue el de Amenhotep IV, más conocido como Akenatón, que tras impulsar el culto al dios Atón, prohibió el de Amón. Muchos historiadores cristianos llegaron a afirmar que Akenatón estaba, realmente, convirtiendo la religión egipcia en una religión monoteísta, y la cultura popular del siglo XX (a través de novelas y películas) ha afianzado esta percepción en el público. Nada más lejos de la realidad: la reforma de Akenatón respondía más a cuestiones políticas (acabar con el poder que detentaban los sacerdotes de Amón, entre otras muchas reformas) que religiosas. Muerto Akenatón, murió también su memoria.

Los romanos perfeccionaron esta técnica hasta límites insospechados, e incluso le dieron un nombre, el de damnatio memoriae (“destrucción de la memoria”), algo que el Senado podía determinar. Muchos fueron, incluso, los emperadores afectados (entre ellos los conocidos Calígula, Nerón, Domiciano o Cómodo), lo cual convertía en imperativo (aparte de la prohibición de pronunciar su nombre en público) la destrucción de todo documento u objeto que le hiciesen referencia, ya fueran documentos escritos (incluyendo inscripciones, poesía, textos históricos o simples actas contables), artísticos (pinturas o esculturas) o incluso monedas. Afortunadamente, y hablando de los libros, la existencia de varias copias ha permitido que conozcamos en mayor o menor grado la vida y obra de estos emperadores.

En la Edad Media, imperando el Cristianismo en Europa occidental, se satanizaron todos aquellos escritos que no estuvieran sujetos a lo que el Papado y la Iglesia consideraban adecuado. Era habitual entonces la quema de libros y documentos de gran valor por el simple hecho de haber sido escritos por paganos. Aunque hubo mecenas (como, sin ir más lejos, Alfonso X el Sabio) que impulsaron la traducción de obras árabes y judías de índole científica, lo habitual era que estos libros fueran destruidos. Ya no es que todo lo que sonara a Ciencia resultara inadecuado para la Iglesia: se destruyeron miles de documentos sin pararse a pensar siquiera en su contenido simplemente porque estaban escritos en un idioma ininteligible o porque tenían ilustraciones que podían recordar a prácticas prohibidas. Por ejemplo, un compendio de hierbas en árabe podía fácilmente ser identificado, a los ojos del clérigo de turno, como un libro con recetas de pociones mágicas; un tratado de geometría, en cambio, podía representar fórmulas arcanas y satánicas.

Quema Libros

Ya en el siglo XX, hay que recordar la quema de libros escritos por judíos e izquierdistas durante el III Reich alemán, algo que el régimen militar chileno repitió treinta años después. Durante la Guerra de los Balcanes las tropas serbias destruyeron la Biblioteca Nacional de Sarajevo, un edificio sin valor estratégico ni militar pero que era un símbolo de integración en Bosnia, acabando con cientos de miles de volúmenes atesorados allí durante siglos. Al respecto del primero de estos hechos, es célebre la frase de Sigmund Freud al conocer que sus libros estaban siendo destruidos en Austria y Alemania:

¡Cuánto ha avanzado el mundo! ¡En la Edad Media me habrían quemado a mí!

Freud, que murió en el exilio en 1939, no podía saber cuando exclamó esto que, desgraciadamente, los nazis no se conformaron con erradicar la cultura germano-judía de las bibliotecas del país.


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Google Editions: La librería en las nubes.


Libros nube

El último jugador que nos faltaba en el baile del libro electrónico ya ha dado los primeros pasos para situarse a codazo limpio en la carrera por hacerse con su trozo del mercado: Google anuncia que a finales de junio o principios de julio comenzará a distribuir libros mediante su nuevo servicio Google Editions.

¿Cuál es el punto diferencial de Google Editions? Si Amazon apuesta por el precio y el Kindle y Apple por su iPad y la iBook Store, Google se lanza a diferenciar el producto -el libro, a fin de cuentas- de un dispositivo único creado para atarlos a todos en las tinieblas.

La idea de Google es que se pueda acceder a los libros de múltiples webs para múltiples dispositivos de lectura. La única pega que veo es que, por lo que estoy leyendo, mantienen la propuesta de «lectura en línea», es decir, que necesitarás un gadget capaz de conectarse a Internet para disfrutar de la lectura.

¿Qué queda entonces por resolver? Los precios, claro. Habrá que poner unos mínimos y unos máximos -o decidir la libertad absoluta-, además de establecer porcentajes para cada uno de los involucrados en el proceso. Ya hablamos hace un tiempo de las primeras propuestas, pero parece que no están todavía nada claras.

¿Qué intenta Google con su iniciativa? Romper la dependencia de los sistemas dependientes y cerrados, algo que a las editoriales les debería interesar, ya que podrían acceder a un mercado mucho más grande, y con menos esfuerzo por adaptarse, que si tienen que trabajar pensando en Amazon o en Apple.

¿Saldrá en España? No lo sé, pero todo me dice que hasta que no se compruebe bien en Estados Unidos cómo funciona el sistema dudo que las editoriales de aquí, bastante liadas en sus propios proyectos gigantes, se atrevan a darle la mano a Google si no es para señalarle la puerta.

Fuente.

lunes, 26 de abril de 2010

ePub Bud: el YouTube de los libros infantilesePub Bud: el YouTube de los libros infantiles

ePub Bud, el primo lejano de Youtube

ePud Bud es un sitio web especializado en libros infantiles y juveniles que trata todos los aspectos: permite subir libros, descargarlos, crearlos y hasta escanearlos. Y todo ello en formato ePub, claro. Dado que esta clase de libros suelen tener muchas ilustraciones con colores vibrantes, el sitio está dirigido para el iPad, aunque el formato en sí es compatible con la mayoría de libros electrónicos.

El diseño no podía ser más clavado al Youtube de toda la vida, compartiendo botones, secciones, logo, paletas, etc. Tampoco ocultan que lo que quieren es precisamente ser el Youtube de los libros (infantiles). Ya tienen una buena base de libros en inglés que pertenecen al dominio público, la mayoría como decimos dirigidos a cuentos infantiles y clásicos juveniles. También tienen otros libros subidos por los usuarios de dudosa legalidad, como la saga de Harry Potter.

Desde el lado de vista de la colaboración, podemos subir los archivos en varios formatos: PDF, ePub, Mobi, TXT, HTML, etc… De hecho no dicen exactamente los formatos que soportan, solo especifican que admiten cualquier fichero sin DRM y que ya luego ellos lo procesaran.

ePub Bud, el primo lejano de Google Docs

Si lo que queremos es directamente escribir un libro, también tenemos un editor online muy parecido a los procesadores de textos junto a los metadatos más interesantes para rellenar. No parece demasiado cómodo escribir un libro largo ahí, pero para un apaño no parece una mala idea.

El servicio más curioso que ofrece esta página es la digitalización gratuita de libros: les envías cualquier libro a la dirección que ellos te dan y ellos lo escanean y generan la versión digital del libro. Eso sí, tiene que ser infantil, y además no te lo pueden devolver por cuestiones de copyright. Extraña afirmación, pero tampoco sabemos qué hacen con esos libros después.

La historia detrás de ePub Bud es bastante curiosa y, ya os aviso, triste. El promotor de esta idea es Josh Jones, cofundador de Dreamhost (uno de los servicios de hosting más populares y baratos), que perdió a su bebé poco después de nacer. Al querer hacerle un libro como dedicatoria, no encontró nada en Internet que se acercara a lo que quería, así que decidió dar un pasito más allá y crear este proyecto sin ánimo de lucro.

Ya veremos cómo se desarrolla en el futuro y si consigue un relativo éxito, por ahora vemos cómo esta clase de sitios explotan como respuesta a la demanda creciente de libros electrónicos. Es un mercado que recuerda mucho a los primeros MP3s y que, tras ver las posturas de los editores y asociaciones de autores, seguramente acabe cayendo en las malvadas garras de los piratas.

Bajel pirata que llaman,
por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

Fuente: http://ultimosavances.com/epub-bud-el-youtube-de-los-libros-infantiles/


sábado, 24 de abril de 2010

Entra en vigor el reglamento de la ley del libro y la lectura


El nuevo ordenamiento se expidió con retraso de 21 meses

Foto
LOS LIBROS, PODEROSOS CONVOCANTES. Aspectos en la ciudad de México de las celebraciones por el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor. En la imagen, el escritor Paco Ignacio Taibo II, durante su participación en el Centro Cultural Universitario de la UNAM.Foto Víctor Camacho
Foto
LOS LIBROS, PODEROSOS CONVOCANTES. Mientras haya niños lectores no todo está perdidoFoto José Antonio López, CNCA
Ericka Montaño Garfias
Periódico La Jornada
Sábado 24 de abril de 2010, p. 7

El Reglamento de la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro se publicó este viernes en el Diario Oficial de la Federación, 21 meses después de que se promulgó la norma.

Entre otros aspectos, el nuevo ordenamiento define la aplicación del polémico Precio Único de Venta al Público el cual, desde su propuesta, fue considerado por los editores como uno de los mecanismos esenciales para la reactivación de la industria editorial, sobre todo porque permitirá crear nuevos puntos de venta.

Las disposiciones que hoy entran en vigor tienen el propósito de facilitar la aplicación la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro, aprobada el 24 de julio de 2008, y su publicación coincide con los festejos del Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor.

Sin embargo, aunque el reglamento entra en vigor este sábado, la disposición del precio único no lo hará, ya que falta que el Consejo Nacional de Fomento para el Libro y la Lectura (responsable de la operación y administración del Registro del Precio Único de Venta al Público) emita, en un plazo de 90 días, una serie de lineamientos para su aplicación, según marca el apartado de artículos transitorios.

Al respecto, Victórico Albores Santiago, titular de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), confirmó a La Jornada que el precio único no entrará en vigor en tanto no se den a conocer esos lineamientos.

Lo que entiendo es que dichos lineamientos son una reglamentación para facilitar la operación del registro. Sin embargo, creo que la próxima semana tendremos ya una aclaración al respecto por parte del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA), y afirmó que el ciento por ciento de los asociados a esa cámara está de acuerdo con el precio fijo.

Horas antes, en un comunicado de esa cámara, Albores Santiago indicó: La publicación del reglamento era indispensable para la plena vigencia de la ley. A partir de ahora, toda la cadena del libro trabajará bajo los preceptos de esta ley, de modo que sus efectos benéficos comiencen a sentirse cuanto antes.

El documento destaca que el reglamento es seguramente perfectible y consideramos que el análisis detallado que habrá de irse haciendo en los próximos meses permitirá afinarlo en un futuro. Tal es el caso de las bibliotecas de aula y escolares, que figuran en la ley, pero que apenas se mencionan en este reglamento, y algunos otros puntos finos que habrá que estudiar con detenimiento.

El reglamento consta de siete capítulos: Disposiciones generales, De las autoridades responsables, Del fomento para la lectura y el libro, Del programa, Del Consejo, Del precio único de venta al público y De la solución de controversias. En total son 32 artículos y cuatro transitorios.

El precio único del libro, es decir, que un título costará lo mismo en cualquier parte de la República, fue la causa por la que se frenó durante varios meses la publicación del reglamento, el cual ahora dispone que será el editor el encargado de fijar libremente dicho precio en los títulos que edite o importe y tendrá como obligación solicitar al Consejo Nacional de Fomento para el Libro y la Lectura su inscripción en el registro (una base de datos).

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LOS LIBROS, PODEROSOS CONVOCANTES. Otros actos conmemorativos se realizaron en la Biblioteca Vasconcelos, en Buenavista y el Museo Nacional de Antropología, en Chapultepec. En la Alameda del Sur, centenares de lectores continuaron salvando libros de la trituradoraFoto José Antonio López

Asimismo, especifica que el precio único de venta al público tendrá una vigencia de 18 meses contados a partir de la fecha de edición o importación del libro de que se trate, y que los editores e importadores podrán comercializar en territorio nacional los libros sujetos al precio único de venta al público a partir de la fecha en que el consejo inscriba su precio en el registro.

El capítulo 19 indica: El precio único de venta al público regirá en todos los lugares donde se lleve a cabo la venta de libros, sean espacios físicos, virtuales o digitales, independientemente del método o procedimiento a través del cual se efectúe su comercialización.

Una vez cumplidos los 18 meses desde su edición o importación, el consejo cancelará la inscripción en el registro y entonces los vendedores de libros al menudeo podrán enajenar los libros a un precio distinto al precio único de venta al público, cuando se trate de ediciones o de importaciones efectuadas con más de 18 meses anteriores a la venta, o bien, cuando sean libros antiguos, usados, descatalogados, agotados o artesanales.

Acciones para fomentar la lectura

En cuanto al fomento para la lectura y el libro, el reglamento dispone que la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el CNCA deberán situar a la lectura y el libro como elementos fundamentales para el desarrollo integral de la población y diseñar estrategias para la formación de lectores y de vinculación de la educación con el fomento a la lectura, mediante actividades que coadyuven al cumplimiento de tal fin.

Instalar salas de lectura, mecanismos de cooperación para promoción y difusión de la lectura en los órdenes federal, estatal y municipal; coediciones, capacitación de promotores, apoyo a programas orientados a la apertura de librerías y su modernización, y promover el fomento de la lectura y del libro en radio, cine y televisión mediante programas, cápsulas y promocionales y de las bibliotecas públicas como salas de lectura, también son algunas de las tareas que deberán ejecutar la SEP y el CNCA.

Del programa de fomento para la lectura y el libro, el reglamento marca como entidades responsables de su elaboración a la SEP y al CNCA, y que dicho plan deberá enunciar los objetivos, estrategias y líneas de acción, así como una estimación de los recursos necesarios para su ejecución, de conformidad con la ley y demás disposiciones aplicables; además deberán tomar en cuenta las opiniones y propuestas que planteen tanto la sociedad como los integrantes del sistema educativo nacional y los eslabones de la cadena del libro. Ese programa será expedido por el titular de la SEP, aunque el reglamento no marca plazos.

El programa será expedido por el titular de la secretaría, y se deberá presentar un informe anual conjunto sobre el funcionamiento del mismo.


Fuentes: http://www.jornada.unam.mx/2010/04/24/index.php?section=cultura&article=a07n1cul

Periódico a.m.

Periódico a.m.

Con déficit de bibliotecas, celebran aquí Día del Libro

Una alumna busca un tomo en los anaqueles de ICSA (Foto: Ricardo Muñoz/El Diario)


Con déficit de bibliotecas, celebran aquí Día del Libro

Guadalupe Félix
El Diario | 23-04-2010 | 20:15 | Local

Con un amplio déficit en el número de bibliotecas y casas editoriales en el país, ayer la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) celebró el Día Mundial del Libro.
Servando Pineda Jaimes, director general de Difusión Cultural y Divulgación Científica, comentó que en México existe una librería por cada 71 mil habitantes, mientras que en otros países existe un local de ese tipo por cada 10 mil personas; además en todo el país existen solamente 7 mil bibliotecas.
Indicó que durante tres años han realizado el programa denominado “Juárez a favor de la lectura”, cuyo objetivo es fomentar entre los universitarios y la comunidad en general el gusto por los libros.
Manifestó que además se busca crear un homenaje a los libros, por tal motivo durante un año realizaron una campaña de lectura en la Secundaria Estatal 8363 y en otras escuelas primarias y secundarias.
Indicó que en esta localidad se requiere un amplio número de casas editoriales y librerías a fin de incrementar el número de lectores, pues existe en el país un nivel muy bajo de lectura.
En México muchas de las personas que leen optan por revistas, folletos o periódicos pero no se sienten atraídos por los libros. Mencionó que aunque en la UACJ no es obligatorio que los alumnos lean determinado número de ejemplares por semestre, sí se busca que adquieran el amor por los libros.
Manifestó que desde el 16 de abril han ofrecido diversas actividades a favor de la lectura, las cuales concluirán hasta el 1 de mayo.
Ayer se entregaron gratuitamente folletos con diversas lecturas de escritores mexicanos dentro del marco de los festejos por el aniversario de la Revolución Mexicana y de la Independencia de México.
Pineda Jaimes comentó que en el 2007 la Universidad participó en cuatro ferias del libro, mientras que actualmente expone los textos escritos por sus académicos en 18 lugares, entre ellos Calcuta, Buenos Aires y París.